viernes, 12 de febrero de 2021

KERIDO ODIARIO: LA VERDAD UNIVERSAL


Me ames o me odies, ambas cosas son a mi favor.

Si me amas, siempre estaré en tu corazón,

y si me odias, siempre estaré en tu mente.

Qandeel Baloch


A los siete años cimentaba mi niñez en torno a una máxima: lo que mi madre me contara debía ser considerado como una verdad universal.

Con este axioma bajo el brazo, cuando me dijo que tuviera cuidado mascando chicle porque si me lo tragaba se acabaría pegando en las tripas y moriría; yo lo creí a pies juntillas.

Una mañana me levanté con ganas de vivir al límite, así que decidí gastar toda mi paga en un montón de chicles “bazooka”. Mi objetivo final era crear el globo más grande de la historia y, con algo de suerte, lograr elevarme unos cuantos centímetros del suelo.

Estuve un rato mascando aquella masa gomosa y llegué a la conclusión que lo mejor para conseguir mi objetivo sería dar un gran brinco e hinchar el globo al mismo tiempo. Me subí a la mesa, cogí impulso, salté, y cuando aterricé, ocurrió lo inevitable: me tragué aquella enorme bola de chicle.

Comprendí que mi destino estaba sellado pero como no quería molestar a nadie me senté en mi sillón favorito y me dispuse a esperar la muerte. Esperé, esperé y esperando me quedé dormido.

Cuando desperté, miré a mi alrededor y, al descubrir que seguía en casa, corrí a la cocina a abrazar a mi madre. Era incapaz de odiarla a pesar de haberme mentido. Estaba tan contento de seguir vivo que no me importó que mi madre me hubiera engañado.

El lunes, jugando en el patio del colegio, los mayores me dijeron que los Reyes Magos no existían. Tampoco me importó.

Mientras pudiera abrazar a mi madre, todo mi mundo seguiría estando en su sitio.


The Nuevo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario