viernes, 29 de marzo de 2019

KERIDO ODIARIO: EL INSOMNIO


El odio es pasión más viva que la amistad.
Luc de Clapiers


La oscuridad se tragó todos los sonidos de la noche excepto al gato. Aquel animal era totalmente inconsolable.
El silencio amplificada sus lastimeros maullidos consiguiendo que se incrustaran en mi cerebro como esa boba melodía de la que eres incapaz de desprenderte o como ese recuerdo que desearías que nunca hubiera quedado grabado en tu memoria.
Un día, en un arranque de furia y estupidez, quemé las alas a una mariposa. Ya hace cuarenta años de aquello y, desde entonces, no he conseguido dormir bien ni una sola noche.
Gato y remordimiento resultaban una mezcla demasiado explosiva para poder descansar así que decidí lanzarme a las calles y ahogar en alcohol mis pensamientos.
Sentado en la terraza de aquel bar, los tragos de bourbon iban poniendo mi mundo en su sitio o, al menos, en el sitio que yo quería que estuviera.
En la mesa de al lado, un hombre abrazaba a una mujer. Lo que, en principio, debería ser una imagen hermosa, a mí no me lo estaba pareciendo. Él se asemejaba al Kraken rodeando con sus groseros tentáculos a un navío con la única intención de hacerlo naufragar y el rostro de ella reflejaba que la situación le incomodaba profundamente. Cuanto más intentaba zafarse del agobiante manoseo, más hacía él por aferrarse a su presa.
Le odié, por instinto, como suelo odiarme a mí mismo. Sé lo sencillo que resulta dañar a lo que crees amar.
—Disculpa —le dije.
—¿Qué mierda quieres? —replicó. ¿No ves que estoy ocupado?.
Resolví que dialogar no iba a llevarme a ningún sitio así que le estampané la cabeza contra la mesa. 
Mientras me alejaba, la chica intentaba atajar la hemorragia de aquel cerdo y, al mismo tiempo, me dedicaba todo tipo de insultos y amenazas.  No hay nada como pensar que el enemigo es alguien de fuera para olvidar que el mal puede estar compartiendo tu misma cama.
De regreso a la mía, el gato seguía en el mismo punto en que lo había dejado.  Intenté sincronizar mi respiración con sus maullidos. Tal vez así lograría dormir más de quince minutos seguidos antes que la locura decidiera llamar a la puerta.


The Nuevo.







KERIDO ODIARIO: EL ODIO QUÍMICO

Si las masas pueden amar sin saber por qué, 
también pueden odiar sin mayor fundamento.
William Shakespeare


De repente, un día aparecieron sobre el cuadro veinte esferas amarillas. Yo fui la primera en comprender que aquello no era normal y la primera en abandonar la fila. La visión de aquellas pompas era más poderosa que el rastro químico de mis compañeras. Si ni siquiera tenía hambre, ¿por qué iba a por comida? De modo que me desvié del camino y me senté frente a una de esas cosas globulosas para dedicarme a mirarla durante el resto de la jornada. Y mientras la miraba, sentí que yo era dueña de mis patas y de mi boca, y que sabía buscar comida por mí misma sin la ayuda de nadie. Por el rabillo del ojo las odié a todas, porque no se daban cuenta de algo tan evidente y esplendoroso, porque seguían caminando en fila india para transportar comida, solo eran putachusma. 
  Una hermana a la que no había visto nunca se acercó y me preguntó qué diablos estaba haciendo y me amenazó con descuartizarme si no volvía pronto a la fila. Le pedí por favor que mirase la esfera y que reflexionase sobre la posibilidad de buscarse la vida por ella misma, sin depender de la demás y sin guardar colas. Le hablé de la perfección tridimensional, que simbolizaba la plenitud, y de la luminosidad que parecía emanar de las bolas. 
  La miró fijamente, durante tres o dos minutos, y luego me miró a mí. Joder, dijo. Y volvió a la fila, pero en lugar de unirse al flujo, cogió con las pinzas a la primera hermana que pilló y la partió en cuatro pedazos. Hubo un gran revuelo, un "pero qué está pazando" químico que se extendió a todo lo largo de la caravana en pocos segundos. También hubo un silencio, una espera tensa. Todas las que estaban cerca la miraban, la olían, se preguntaban qué estaba a punto de anunciar. Ella separó los colmillos y gritó: ¡¡Os odio a todas!! 
  Unos minutos después, se desdibujaron las líneas y el odio nos hizo libres, individualistas y mortales, mientras muchas buscaban a la hermana sabia. 


Caracol Romera.