viernes, 18 de agosto de 2017

KERIDO ODIARIO: EL ORIGEN

El amor y el odio no son ciegos, 
sino que están cegados 
por el fuego que llevan dentro.
Friedridch Nietzsche.


No es sencillo pasar desapercibido en un pueblo pequeño y, menos aún, cuando estás marcado desde el mismo día de tu puñetero nacimiento. Todos tenían muy claro que yo tenía que ser el malo de la historia y como en toda profecía autocumplida que se precie; lo fui.

Ese pueblo en el que nací, crecí y envejecí prematuramente se encuentra en Asturias. ¡El jodido paraíso, según algunos!. Para mí, un lugar a detestar hasta que las circunstancias hicieron que no me quedara más remedio que largarme.

Los orígenes asturianos de mi familia se remontan al principio de los tiempos. Nunca se han visto en la necesidad de moverse más allá de su aldea. Es como si existiese un muro de metacrilato transparente que rodeara el pueblo y les obligara a mantener su existencia en una perenne, asfixiante y endogámica relación.

A mi padre nunca le vi doblando el espinazo. Él dice que es por un problema que tuvo en una costilla cuando era joven. Yo creo que nació vago y así morirá, siempre y cuando lo de morirse no le suponga ningún esfuerzo.

Mi madre, en cambio, no para de trabajar durante todo el santo día. No sólo se encarga de todas las tareas de la casa, también es ella la que se ocupa de la recolección de nuestro pequeño terreno de manzanos; pomarada le decimos en Asturias. Con las manzanas produce una sidra digna de dádiva divina. Tanto a mi hermano como a mí no nos bautizaron con agua sino con esa misma sidra, así que con eso ya está todo dicho.

Y hablando de mi hermano, el muy cabrón es la peor putachusma que te puedes encontrar. Se afana en restregarme por la jeta lo que considera una gran trayectoria profesional. Realmente, el tío no es más que un miserable ganadero, pero como mi familia y los del pueblo se pasan el día alabándole lo bien que lo hace todo, el muy capullo no se lo puede tener más creído. Yo me hice vegano con tal de no tener que comer nada que viniera de su parte. No creo que os hagáis una idea de lo que este acto de rebeldía supuso en mi casa. Un asturiano no carnívoro era una aberración aún mayor que al que se le ocurrió decir que el cachopo no era más que un San Jacobo grande.

―¿Cómo ye, ho?. ¿Qué dices que te has hecho?
―Vegano, abuelo. Me he hecho vegano.
―¡Fatu yes, fíu!. ¿Eso qué cojones significa?
―Que ya no voy a comer ni carne ni leche ni huevos.
―¡Huevos los que tú tienes, babayu!. Desde el mismo día que viniste al mundo sabía que ibas a amargarme la existencia. Naciste con la marca del mal grabada en la piel y la soplapollez esta de ser vegano no es más que un detalle comparado con lo que tás destinau facernos de sufrir. ¡Larga de aquí que te estrapayu!.

“Bajai una”, pensé yo para mis adentros. Ese mismo día mi abuelo montó en “Cólera”, que era su caballo favorito, marchó monte arriba y llevamos ya de los tiempos que no le hemos vuelto a ver. No nos preocupó gran cosa porque era de sus comportamientos habituales cuando se cabreaba.

El muy capullo me odia desde que me tuvo delante por primera vez y, desde ese día hasta hoy, no he conseguido hacer una sola cosa que le haya parecido ni medio bien y esto del veganismo ha sido ya la gota que ha colmado el vaso.

―¿Usted sabe el origen de la inquina quel güelo siente por mí, madre?.
―La inquina no se lo que ye, fíu pero si quieres saber por qué te odia tu güelo voy facer por contartelu. Ya yes buen mozu para saber la verdad.

Había una verdad por saber. Intrigado, me acomodé en el sofá. Igual no éramos simplemente una panda de pueblerinos aburridos.

―Cuente, madre, cuente y no omita detalle.
―Desde luego, que yes muy raru hablando, fíu. En fin, debes saber que tu padre no ye tu padre.

¡Zás, en toda la boca!. O mi madre no tiene ni idea de ir dándole emoción a un relato o, tal vez, saber que la persona a la que he llamado padre durante toda la vida es un ser aún más ajeno de lo que ya suponía, sólo sea el principio de la historia.

―Una tarde, mientras paseaba por la pomarada acabé siendo poseída por el diablo y de esa unión naciste tú.

¡Pues ya está! Definitivamente a mi madre se le ha ido la olla.

―¡Calle ho!. ¡Qué me está contando, madre! ―exclamé.
―Fue tal cual lo cuento. Un ser oscuro como la noche salió de detrás de “El Sabio”, nuestro manzano más antiguo. Al principio, sentí algo de miedo, pero después me dejé llevar por sus dulces zalamerías. Me rodeó con sus brazos como si de una serpiente se tratare y me poseyó como nadie lo había hecho hasta entonces. Nunca más le volví a ver. Nada iba a decirle a nadie pero, en cuanto crucéme con el tu güelu, de algún modo, lo supo. No sé cómo, pero lo sabía. No me dijo ni una palabra, pero su mirada lo decía todo.  Creo que, en el fondo, lo que le dolía era no habérseme echado él encima.
―¡Pero cómo puede decir eso, madre! ―exclamé, de nuevo.
―Mira, fíu, tu güelu fue quien creó todo esto y no puede soportar que haya cosas que escapen a su control y tu existencia es una de esas cosas. A su entender, la peor de todas.

“¡Es usted una furcia, madre!”. La estridente voz de mi hermano retumbó en el pasillo.

―Deja que te lo explique―dijo mi madre, sollozando.
―¡No hay nada que explicar! ―bramó mi hermano―. Con lo que he escuchado tengo bastante. Voy pal monte para quel güelo conozca con quien comparte la casa.

Salí tras él. Si yo era la causa del conflicto tendría que ser yo quien lo solucionara. Le alcancé a la altura de la pomarada.

―¡Espera, por favor! ―dije, en tono conciliador.
Mi hermano frenó su caminar. Se giró lentamente. Sus ojos estaban anegados de lágrimas.

―Lo siento ―dijo, entre sollozos.
―¿Qué es lo que sientes? ―pregunté, indiferente.
―Siento la forma que he tenido de reaccionar. Tú sabes que yo no soy así. Que seas hijo del diablo no cambia el hecho de que eres mi hermano. Este asunto no tiene por qué salir de aquí. Si nadie se entera, la familia seguirá siendo respetada, como lo es ahora.
―Eres muy comprensivo ―le dije―. Lástima que yo no lo sea tanto.

Me agaché y le mayé la cabeza con lo primero que encontré, creo que era un pedazo de la osamenta de un caballo o algún bicho similar. Mi intención primera no era matarle, pero cuando le vi ensangrentado, tirado en el suelo, algo se apoderó de mí y volví a golpearle, una y otra vez, hasta que quedó convertido en un amasijo de carne. Vomité, por mi condición de vegano y, cuando me repuse, supe de inmediato lo que debía hacer; enterrarle.

Volvía a la casa para darme una ducha cuando escuché su atronadora voz.

―¿Dónde está tu hermano?.
―¡Qué sé yo, güelu!. ¡Acaso tengo pinta de ir tomando notas para saber dónde se encuentra ese babayu!.
―¡No me tomes por imbécil!. ¡Tus manos están manchadas con su sangre!. ¡No eres más que un vil asesino!.
―¡Déjame en paz!. Tú hace mucho que no existes. No eres más que una voz en mi cabeza.
―¡Qué estás diciendo, insensato!
―Digo que no existes. Digo que estás muerto. Digo que yo te maté.

El día que discutimos por lo de ser vegano cogí su escopeta de caza y, cuando se disponía a montar en su caballo, disparé.  No soy un gran tirador, no hay nada que haga del todo bien. El disparo le dio a “Cólera”, pero al derrumbarse dejó a mi güelu atrapado bajo su cuerpo. Me acerqué, le miré a los ojos, recargué el arma y, desde entonces, mora enterrado a pocos pasos de donde hoy he enterrado a mi hermano.

―En cuanto los del pueblo se enteren me van a hacer pedazos. ¿Qué hago, cagonmimantu?.
―Lo mejor es que huyas cuanto antes, ¿oyisti? ―respondiome mi güelu―. Aquí ya has hecho todo lo que tenías que hacer.
―¿Sabías que esto acabaría así, verdad?
―Por supuesto, no soy amigo de dejar nada al azar.


En cuanto atravesé el túnel del “Negrón” se disiparon las nubes del cielo y también las que nublaban mi cabeza. Asturias, principio y final de todo. Hoy quedas atrás, hoy sólo soy yo el que importa. Mi nombre es Caín y mi marca conquistará toda la tierra.

The Nuevo.







miércoles, 16 de agosto de 2017

KERIDO ODIARIO: LA RESERVA

Las antipatías violentas son siempre sospechosas
y revelan una secreta afinidad.
William Hazlitt

Sábado por la tarde. Amarranamiento total y siesta de tres horas. La comida, sí señor, en la lumbre, a fuego lento. Una cerveza abierta, un pito caliente, una pantalla encendida. El fuego de la chimenea y el móvil, que lleva sin sonar casi veintinueve horas, ni llamadas ni mensajes ni whatsapp, nada, silencio absoluto. Un descanso merecido después de cinco semanas sin un solo día de descanso.

De hecho, esta mañana intentó levantarse tarde, a las diez y media o así, pero no pudo, por culpa de la costumbre, a las siete menos cuarto ya estaba despierto. Bueno, vale, no importa, se dijo, al menos dispondría de un tiempo muy agradable para retozar en la cama con su esposa.

Lástima que su esposa no estuviera allí. Intentó imaginarla desde el recuerdo de un olor sencillo, a través de sus bragas, pero tampoco pudo. ¿Dónde diablos se habían metido las bragas? Putaperra. Sandra, mecagontó. Se asomó al patio, efectivamente, allí estaban las bragas, sobre el colchón de la perra, hechas cisco. El único objeto de ella que quedó en la casa. Ella, la mujer con la que habría retozado esta mañana de no haberse ido en Enero por motivos puramente personales.

Antes de irse, le dijo, si no te veo nunca, si ni siquiera los fines de semana, si lo único que te importa es tu mierda de trabajo, no me interesas. Él podía elegir, renunciar a su trabajo o renunciar a la mujer amada. Pero le costaba enfrentarse a las renuncias, no quería resolver conflictos, como en su mejor época de bohemio suicida, se quedó quieto, guardó silencio, y la cagó.  Ella se fue y su perra, a la que nunca debería de haber dejado sola en casa, se comió la única evocación onanista que le quedaba.

De modo que se sentía con derecho a una tarde de completa armonía consigo mismo, con derecho al olvido, a una especie de muerte pasajera que lo desconectase de todo lo humano, divino y perruno que hay en el maldito mundo. Se merecía una borrachera de diazepanes y whisky. Se los tomaría después de ese arroz tan aromático que se iba cocinando al amor del fuego lento. Cuatro diazepanes y media botella de whisky, junto al mando a distancia, el sillón, la chimenea y la tele, donde está a punto de empezar una película que le interesa.

Su plan es emborracharse hasta perder el sentido y despertarse no importa dónde ni cuándo, en el sillón, en el sofá, en el suelo o mañana.Mientras apaga la lumbre porque el arroz ya está en su punto, el grillo de un sms salta ruidosamente desde el salón. Vallen Inclán en persona.

Una nueva reserva, para hoy mismo. Piensa, hay que joderse. Deja el arroz en reposo y enciende la tableta mientras se pregunta por qué no cerró ventas para hoy, su primer día de descanso en cinco semanas.

Vale, una tal Fulanita de Pollas, dos personas, cuatro noches y un putoperro. Desde que vive solo, odia a las parejas, y desde que conoce a Sandra, odia a los perros.

Junto al comentario referente a la mascota, otro, el de la hora prevista de llegada, las 15:30. Perfecto, como ya son las 15:13, solo tendrá que esperar diecisiete minutos y listo. Mientras tanto, cierra ventas y se asegura así de que no aparecerán más reservas inesperadas.

A las 15:24 vuelve a vestirse y se calza las memory form. Para disminuir la pérdida de calor, tapa la sartén con otra sartén porque no hay tapaderas tan grandes en esa cocina. A las 15:35 se asoma a la terraza. A las 15:36 oye el ulular del viento arrastrando cosas que no sirven. A las 15:52 se apaga la chimenea.

Los huéspedes pueden llegar en cualquier momento y él no desea que le pillen en pleno almuerzo ni en plena siesta ni inconsciente. De modo que espera sobrio y con la mejor de sus dentaduras. Al fin y al cabo, no es culpa de ellos. Solo han hecho una reserva porque el sistema se lo permitía.

A las 16:34 llama al número del teléfono de contacto. Nadie contesta. Se sienta en la terraza, se quita las mémory form y los calcetines y dedica los siguiente dos minutos a cortarse las uñas de los pies. A las 16:42 riega las macetas y les echa de comer a las tortugas y a los caracoles. Vuelve a asomarse a la terraza. Calle desierta. Acto seguido, se acomoda en el sillón para ver la película aunque sea empezada. Piensa, nadie me va a joder el arroz por la mitad. A las 16:53 suena el titubeo de un motor en la calle. Se asoma. Falsa alarma, una pequeña furgoneta junto a los contenedores de basura. A las 16:58, el timbre de la puerta despierta sus peores pesadillas de pánico y terror. Pero solo es una vecina, para pedirle en inglés que quite el coche de ahí porque dentro de media hora llegará una ambulancia para llevarse a Gunter a una residencia y ese es el sitio más próximo a la casa del enfermo. Of course, claro que sí, agradecido incluso por tener algo que hacer mientras espera.

Tres minutos después, vuelve a llamar a Fulanita, cuyo verdadero nombre es Aurelia, Aurelita para los vecinos. Oh, lo siento mucho, dice la dama, por la voz, calcula que rondará los cincuenta y siete, en media hora llegamos sin falta, oye, es que hemos parado a comer por el camino. Pues muy bien, aquí estoy.

Y piensa que si son las cinco y veinte, a las seis habrá acabado todo. Así que aplaza el arroz y la borrachera de nuevo y se dedica a matar el tiempo fregando los platos. Todos están sucios desde mediados de Febrero y en todos ha almorzado y cenado al menos tres veces desde la última vez que los fregó.


A las 18:46, su móvil se hace notar a toda hostia. Grito de llamada, gallo, becerro, pequeño elefante, putobicho abandonado. Se seca las manos. Unos segundos de odio y… Aurelita. Lo siento, ¿te lo puedes creer?, ya estamos en Caracolia, hemos parado a tomar café y hemos coincidido con nuestros vecinos de enfrente en el mismo sitio, no teníamos ni idea, nunca los vemos allí y resulta que venimos a Caracolia y son las primeras personas que encontramos, parece mentira, siento mucho el retraso, ¿te importa que pasemos a recoger la llave dentro de dos horas? Por supuesto que no. Eso sí, ya será de noche y el arroz estará más frío y asqueroso que su puta madre, pero vale, claro, cómo no, incluso, de mil amores. Y mientras pulsa el icono de colgar, piensa; ¡¡Putachusma!!.

Caracol Romera.








martes, 15 de agosto de 2017

KERIDO ODIARIO: LA FIESTA.

Cuando todos los odios han salido a la luz, 
todas las reconciliaciones son falsas.
Anónimo

Sí, fui yo, lo confieso, no estoy arrepentido ni de lejos, lo volvería a hacer. Lo destripé con mis propias manos y esa plenitud fue lo más grande.

Bueno, me pasé dos meses estudiando sus hábitos, buscando el mejor momento para actuar. Pero nunca estaba solo, es lo que tiene la putachusma, que no sabe estar sola. Se retroalimenta de su propia esencia. La identidad del grupo no es la de cada uno de sus miembros, no es una suma de identidades, pero sí una identidad nueva, una identidad reforzada, donde no caben debilidades ni empatías, cualquier duda encuentra su respuesta en la simple unión.

Sí, no me importa reconocerlo, fue un acto premeditado, llámelo alevoso si quiere, es la verdad. Lo preparé minuciosamente y esperé el momento oportuno, y como el momento oportuno no llegaba nunca, lo provoqué yo mismo. Me hice pasar por una señorita del face, lo engañé, conseguí que confiara en mí, que se separase del grupo, que su putachusma quedara reducida a un solo individuo. Es la misma técnica que utilizan los leones y los lobos para cazar. He visto muchos documentales y sé cómo se hace.

No, señor, la justicia no existe, no podía confiar en ella. Hemos creado un sistema para protegernos los unos a los otros, pero cuando el sistema no funciona o se colapsa o se contagia de putachusma, que solo busca el beneficio personal, hay que protegerse a uno mismo. Si el sistema no funciona a tiempo, no funciona de ninguna manera. Cuando las mangas verdes siempre llegan tarde, lo único que podemos hacer es afilar los cuchillos.

Claro que la llamé, tardaron como cuarenta y siete minutos y veinticuatro segundos en aparecer, y no hicieron nada, se limitaron a hablar con ellos sin más consecuencias. “No están cometiendo ningún delito, me dijeron, no tienen la música alta y ningún otro vecino se ha quejado”. Pues ya está.

No, lo siento, no recuerdo lo que hice con él. Sé que lo utilicé para abrir la primera incisión, el resto fue a mano. Al principio solo cabía un dedo por el agujero, pero la herida se fue abriendo, y al final me resultó muy fácil sacarle los intestinos y el páncreas. He olvidado lo que hice con el cuchillo. ¿Para qué lo necesitan si estoy confesando?

Qué va. Tardó lo más grande en morir. Yo no quería que muriera, lo juro, fue sin querer, por lo visto se desangró, y eso que tuve mucho cuidado. Muerto no me servía de nada, muerto, ¿cómo se lo iba a contar a sus amigos? Eso era muy importante para mí, que todos supieran de qué va esto.

No, no los conozco personalmente, solo de vista, de verlos pasar por delante de mi puerta a todas horas. Ya le digo que la putachusma se retroalimenta de sí misma en una especie de implosión endogámica. Por separado no son nada, apenas se les nota, parecen incluso personas con un cierto grado de civilización. Pero cuando se juntan, la cosa cambia, todos se transforman, dejan atrás cualquier resquicio de civismo y humanidad y se vuelven putachusma.

Claro que sí, ¿cómo no iba a conocerle si éramos vecinos de planta? Yo siempre le saludaba a pesar de todo, más que nada por educación, porque yo siempre saludo a todo el mundo por mucho que lo odie, incluso a Aurelita, que la odio a más no poder porque se pasa las noches llorando y quejándose en voz alta y su piso es contiguo al mío; o a la señora que limpia las escaleras, tan odiosa ella, con ese olor perpetuo a detergente, pues también la saludo en vez de estampanarla desde el quinto; o al mierdaniño que ya ha confundido tres veces el tercero con el cuarto y llama a mi casa para que le abra la puerta del portal; o al viejo del segundo, que vive con un putoperro, por Dios, ¿cómo se puede vivir con un putoperro?... Espere, no he acabado, también odio mucho al hijoputa de la frutería, no puedo soportar que siempre esté silbando El tiempo pasará y otras mierdas similares a esas horas de la mañana, pero le digo una cosa, le regalo un buenos días cada vez que entro en la tienda para comprar plátanos. Así soy yo. Hasta el cartero recibe mis saludos aunque nunca jamás traiga una carta para mí el muy hijo de la gran puta.

Pues la verdad es que no le dio la vida para decir nada. Eso sí, justo antes de morir, no sé por qué, me miró y soltó una palabra que me dejó intrigado, más que decirla, la gritó, pero más que gritarla, la exhaló, porque apenas podía hablar, no sé de dónde sacó fuerzas para llamarme a mí, no te jode, “putachusma”.


Caracol Romera.








lunes, 14 de agosto de 2017

KERIDO ODIARIO: EL PREÁMBULO

El desprecio es un sentimiento del que pocos, 
muy pocos mortales, son verdaderamente capaces;
el odio es mucho más frecuente .
Niccolò Ugo Foscolo

El odio, el rencor, la venganza. Hermosas palabras despreciadas, desdeñadas y arrinconadas por culpa de este estúpido buenismo biempensante en el que nos obligan a vivir últimamente. En este hipócrita, fariseo y mojigato buenismo biempensante, añadiría yo.

Vamos a dejar las cosas muy claras, yo no hablo del odio al diferente. Esos que odian al que no piensa como ellos, al que no ama como ellos, al que su raza o sus creencias no son las suyas...esos individuos no son más que unos imbéciles que cada vez que abren la bocaza es, simplemente, para demostrar su abismal ignorancia. Yo los odio profundamente, por cierto. 

Esos capullos pervierten de forma rastrera el odio visceral. Es éste un magnífico odio que anida arraigado en lo que viene siendo la parte del hígado y que es capaz de convertir el amargor de la bilis en venenosa ponzoña. Es un odio pasional, ardiente, vehemente e impulsivo que puede complacerte durante profundos, aunque, precisamente debido a su intensidad, efímeros instantes.

Los que realmente disfrutamos del odio a otro nivel preferimos el odio meditado, el odio reposado, el odio añejo, el odio envejecido en la barrica de la paciencia. Este odio gana muchísimo en sabor en comparación con los odios jóvenes y alocados y los sutiles matices de antipatía, inquina, tirria y rabia lo convierten en un placer indescriptible.

El odio nos ha acompañado desde el principio de los tiempos si exceptuamos algún raquítico espacio de la historia donde las drogas nos hicieron creer que todo iba ser paz y después sexo. Lo cierto es que el odio nos ha convertido en lo que somos, asumámoslo. 

Ahora están de moda los "haters". Son personas que muestran actitudes negativas u hostiles ante cualquier asunto y que utilizan las redes sociales para estar todo el día dando por el culo. Yo odio a estos odiadores por su bisoñez y porque, sistemáticamente, no puedes estar en contra de todo sólo por hacerte el interesante y, menos aún, ampararte en el anonimato para encubrir que, en el fondo, no eres más que un puto amargado.

El objetivo principal de mi odio es tan concreto como vano. Su nombre científico es "putachusma" que coincide asombrosamente con su nombre coloquial: "laputachusma". Según un reciente informe del Centro de Investigaciones Sociológicas, dos de cada tres españoles somos chusma y, de esos dos, uno pasa a ser putachusma. Es un término que posee un ciento por ciento de reciprocidad. Aquellos a los que tú consideras dignos de tal nombre piensan, a su vez, que tú eres la peor putachusma que dios ha tenido a mal cruzar en sus vidas. Y aunque os cueste creerlo, ellos también os odian a vosotros.

No os sintáis mal por odiar. El odio es liberador. Cuando reconozcáis abiertamente y sin tapujos que odiáis a vuestra vecina, la que escucha reggaeton las puñeteras veinticuatro horas del día, os sentiréis mejor con vosotros mismos y habréis dado un paso más en vuestra lucha por dejar de tomar laxantes.

De amar a odiar sólo hay que pasar de cuatro a cinco letras. Nos puede parecer extraño que algo que se nos antoja eterno y puro como el amor, esté relacionado de algún modo con el odio, en principio, un sentimiento maligno pero, debéis saber, que son dos palabras que conviven siempre al borde de quebrar un delicado y frágil equilibrio y es que, en el fondo, sólo podemos odiar lo que se ama.

Amaos y odiaos los unos a los otros como yo os he amado y odiado. Sólo así evitaréis convertiros en mustias plantas de interior.


The Nuevo.