viernes, 5 de julio de 2019

KERIDO ODIARIO: EL ESPOILER

El odio es un borracho al fondo de una taberna, 
que constantemente renueva su sed con la bebida. 
Charles Baudelaire

Atención: contiene espoiler. (Eso ahora, porque, de siempre, aquí lo hemos llamado: destripar).
Querido Odiario: Lo prometo, no le odio por sus infidelidades, sino por no contármelas. Fui descubriéndolas yo misma poco a poco, igual que en esa canción de Marlango donde las penas se van yendo, solo que aquí las penas no se largaban sino que iban viniendo. Eran pequeñas sospechas teñidas de intuición, basadas en diminutos indicios casi inexistentes. Pero ahí estaban, sentadas a mi lado, a menos de un centímetro de distancia, maquillando la mentira con sutiles expresiones de asombro que a mí me sonaban raras y exageradas. ¿Me estaba mintiendo?. ¿Me estaba siendo infiel?. Yo, desde luego, no me atrevía a preguntárselo, porque, si le preguntaba, las dos posibles respuestas eran decir la verdad o seguir mintiendo, y las dos me parecían aterradoras. Decidí que lo mejor sería hacer como si no me importara. Actuar como una esposa casi consciente que consiente, que sabe, acepta y calla. Por el bien del matrimonio. Después de todo, ¿no hicieron eso mi madre y la madre de mi madre?. Pero ellas nunca tuvieron una evidencia tan clara como la mía. Muchas cosas no se saben y muy pocas son certezas. Mi madre y mi abuela dudaron, sospecharon, oyeron rumores, pero nunca estuvieron tan seguras como yo después de la cena de anoche, cuando la verdad me saltó a la cara sin que yo la buscara. 
Mi hermana y su marido llegaron poco antes de las nueve y se fueron a eso de la una y media. Cenamos y abrevamos de nuestras copas hasta consumir tres botellas de vino. A eso de la una y tres minutos, mi hermana y yo nos quedamos solas en la cocina mientras nuestros cuñados se fumaban un porro en la terraza. Hablamos de cosas de hermanas y de Juego de Tronos. De repente, como sin querer, como si se le hubiera escapado, dijo, a Antonio José le sentó fatal que Jon Nieve resucitara, dando por hecho dos verdades inciertas, que yo ya sabía que Jon Nieve había resucitado en la nueva temporada y que mi marido estaba al tanto, porque no se me olvida que Lali me quiere mucho y nunca jamás en la vida me soltaría un spoiler tan grosero como ese. ¿Hablarían en alguna ocasión?. ¿Comentaron la vuelta a la vida del hijo bastardo de los Stark, asumiendo mi hermana que yo también había visto el capítulo porque todo el mundo conoce nuestra férrea costumbre, de mi marido y mía, de visionar juntas todas las series?. Y esa es la cuestión y la prueba irrefutable del engaño de Antonio José. Esto es, ¿por qué mi hermana daba por hecho que yo había visto el milagro de la sexta temporada? La única explicación era que Antonio José visionaba todos los capítulos antes que yo en el trabajo. Su ansia por descubrirlos no le permitía esperar hasta la noche o hasta el fin de semana para hacerlo conmigo. De manera que cuando nos acurrucábamos en el sofá frente a nuestros personajes favoritos de la tele, él ya sabía lo que iba a pasar pero fingía torpemente no saberlo. Y yo, vamos a ver, si esto no es un motivo para odiar eternamente a alguien, que venga Khaleesi y me lo diga. Mientras tanto, ya he preparado la demanda de divorcio. Hasta mañana, queridísimo Odiario. 

El espoiler: 
Esta historia ocurrió hace un par de años. A día de hoy, "Juego de Tronos" ha terminado después de la octava temporada y el que se ha quedado de mandamás, ocupando el ansiado "Trono de Hierro", es el "pringao" de Bran Stark.
¡Qué ustedes disfruten lo votado!.


Caracol Romera.

KERIDO ODIARIO: LO BRUTAL

Él sabía bien de odios, pues el que odia con tenacidad 
sabe reconocer bien ese mismo sentimiento en otros y sabe apreciar 
cuándo una animadversión es ya definitiva e irreversible. 
Santiago Posteguillo


   Cada mañana tengo la opción de elegir entre dos caminos; uno estrecho y otro ancho. Tan adormilado me encontraba que, sin que mediara la intención ni el deseo, fue el camino estrecho el que me eligió a mí y un chorro de gélida realidad aterrizó violentamente sobre mi atontado rostro sacándome, abruptamente, del estado de profundo sopor en el que me encontraba.
   Tras unos instantes de conmoción, reaccioné. Pensé que, precisamente lo que había ocurrido, era lo que necesitaba. Lo imprevisto, lo inesperado, lo brutal. Esa súbita sacudida sirvió, no solo para despertarme, sino también para limpiar las telarañas de mi mente que se estaba consumiendo ahogada en la mugre acumulada de mis propias mentiras. 
   Alguna vez he reflexionado sobre el poder del odio como elemento liberador pero, ¿qué se puede hacer cuando a quien más odias es, precisamente, la persona en la que te habías acabado convirtiendo?. 
  Con calma, descolgué la ducha. Miré fijamente a los agujeros que, un momento antes, me habían empapado y les expresé mi gratitud repitiendo; gracias, gracias, gracias. 


The Nuevo.