El desprecio es un sentimiento del que pocos,
muy pocos mortales, son verdaderamente capaces;
el odio es mucho más frecuente .
muy pocos mortales, son verdaderamente capaces;
el odio es mucho más frecuente .
Niccolò Ugo Foscolo
Vamos a dejar las cosas muy claras, yo no hablo del odio al diferente. Esos que odian al que no piensa como ellos, al que no ama como ellos, al que su raza o sus creencias no son las suyas...esos individuos no son más que unos imbéciles que cada vez que abren la bocaza es, simplemente, para demostrar su abismal ignorancia. Yo los odio profundamente, por cierto.
Esos capullos pervierten de forma rastrera el odio visceral. Es éste un magnífico odio que anida arraigado en lo que viene siendo la parte del hígado y que es capaz de convertir el amargor de la bilis en venenosa ponzoña. Es un odio pasional, ardiente, vehemente e impulsivo que puede complacerte durante profundos, aunque, precisamente debido a su intensidad, efímeros instantes.
Los que realmente disfrutamos del odio a otro nivel preferimos el odio meditado, el odio reposado, el odio añejo, el odio envejecido en la barrica de la paciencia. Este odio gana muchísimo en sabor en comparación con los odios jóvenes y alocados y los sutiles matices de antipatía, inquina, tirria y rabia lo convierten en un placer indescriptible.
El odio nos ha acompañado desde el principio de los tiempos si exceptuamos algún raquítico espacio de la historia donde las drogas nos hicieron creer que todo iba ser paz y después sexo. Lo cierto es que el odio nos ha convertido en lo que somos, asumámoslo.
Ahora están de moda los "haters". Son personas que muestran actitudes negativas u hostiles ante cualquier asunto y que utilizan las redes sociales para estar todo el día dando por el culo. Yo odio a estos odiadores por su bisoñez y porque, sistemáticamente, no puedes estar en contra de todo sólo por hacerte el interesante y, menos aún, ampararte en el anonimato para encubrir que, en el fondo, no eres más que un puto amargado.
El objetivo principal de mi odio es tan concreto como vano. Su nombre científico es "putachusma" que coincide asombrosamente con su nombre coloquial: "laputachusma". Según un reciente informe del Centro de Investigaciones Sociológicas, dos de cada tres españoles somos chusma y, de esos dos, uno pasa a ser putachusma. Es un término que posee un ciento por ciento de reciprocidad. Aquellos a los que tú consideras dignos de tal nombre piensan, a su vez, que tú eres la peor putachusma que dios ha tenido a mal cruzar en sus vidas. Y aunque os cueste creerlo, ellos también os odian a vosotros.
No os sintáis mal por odiar. El odio es liberador. Cuando reconozcáis abiertamente y sin tapujos que odiáis a vuestra vecina, la que escucha reggaeton las puñeteras veinticuatro horas del día, os sentiréis mejor con vosotros mismos y habréis dado un paso más en vuestra lucha por dejar de tomar laxantes.
De amar a odiar sólo hay que pasar de cuatro a cinco letras. Nos puede parecer extraño que algo que se nos antoja eterno y puro como el amor, esté relacionado de algún modo con el odio, en principio, un sentimiento maligno pero, debéis saber, que son dos palabras que conviven siempre al borde de quebrar un delicado y frágil equilibrio y es que, en el fondo, sólo podemos odiar lo que se ama.
Amaos y odiaos los unos a los otros como yo os he amado y odiado. Sólo así evitaréis convertiros en mustias plantas de interior.

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