jueves, 26 de noviembre de 2020

KERIDO ODIARIO: LA COLECCIÓN

 Hay un tiempo para amar 

y un tiempo para odiar


Eclesiastés 3:8

  La gente del barrio me llama misántropo y yo les odio por ello. Pensaba que lo que querían decir al otorgarme tal denominación era que me gustaba ir a misa y a mí eso de ir a misa no me gusta. Soy un ateo de andar por casa aunque, cierto es, que echo mano de dios siempre que las cosas se me tuercen que, en el fondo, es lo que solemos hacer todos.

  Me dio por consultar en internet la definición de misántropo y resulta que es aquel que odia a otras personas. Una vez resuelto el malentendido, concluí que el vecindario me calificaba de esa manera porque ya les odiaba antes de tal designación, lo cual es cierto...y después, también.

En el libro II de la Retórica de Aristóteles se distingue entre ira y odio: la ira se siente hacia personas concretas cuyas acciones o existencia afectan al iracundo, mientras que el odio puede aparecer sin motivos personales.

Yo, nunca he tenido un ataque de ira. Me parece un desperdicio de energía innecesario y, en los tiempos que corren, todo lo que sea ahorrar energía va en beneficio del planeta pero odiar, sí. Odiar los odio a todos y tengo mis motivos para ello.

Si le echáis un vistazo a la cita que encabeza el comienzo de esta página descubriréis que la biblia dice que hay un tiempo para amar y otro para odiar. A mí no me da la vida para hacerlo todo así que decidí dedicar todo mi tiempo a odiar a mis semejantes. Como veis, este es uno de esos momentos que aprovecho la palabra de dios en mi propio beneficio. ¡Aunque a misa no pienso ir, os pongáis como os pongáis! No me andéis jodiendo con eso, ¿vale?

He de decir, para que quede negro sobre blanco, que fueron ellos los que empezaron a mirarme mal y todo por enseñarles mi colección. Parte de culpa la tuvo también mi psicólogo que se empeñó en que debía abrirme más al mundo exterior y no pasarme todo el día encerrado en casa.

—Tienes que salir más y relacionarte. No es bueno para ti estar siempre solo.

—Es que todos lo que me rodean son putachusma. Usted también lo es pero como le pago no me queda más remedio que aguantarle.

—Mira, Ángel, me has dicho que tienes un “hobby” y eso está bien. Ahora lo que podrías hacer es enseñárselo a las personas de tu barrio e igual encuentras a alguien que comparta tu afición o, al menos, podrá servirte para comenzar una conversación y te aseguro que nadie te va a juzgar por ello.

¿Qué no me iban a juzgar? Me juzgaron y me condenaron.
En cuanto me paseé por el barrio con el frasco donde colecciono todas las uñas que me he ido cortando desde que tengo uso de razón, la gente no paró de señalarme y de gritarme cosas horribles. Desde entonces no he vuelto a hablar con nadie más que para decirles que les odio profundamente.

Al fin y al cabo, yo no he hecho nada malo. Por lo que tengo entendido, solo dios tiene potestad para juzgar mis actos y, hasta el momento, no he recibido notificación alguna. A mi modo de ver, es preferible coleccionar las uñas de uno que no los dedos de otro. Aunque todo es empezar, claro.


The Nuevo.







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