viernes, 29 de marzo de 2019

KERIDO ODIARIO: EL ODIO QUÍMICO

Si las masas pueden amar sin saber por qué, 
también pueden odiar sin mayor fundamento.
William Shakespeare


De repente, un día aparecieron sobre el cuadro veinte esferas amarillas. Yo fui la primera en comprender que aquello no era normal y la primera en abandonar la fila. La visión de aquellas pompas era más poderosa que el rastro químico de mis compañeras. Si ni siquiera tenía hambre, ¿por qué iba a por comida? De modo que me desvié del camino y me senté frente a una de esas cosas globulosas para dedicarme a mirarla durante el resto de la jornada. Y mientras la miraba, sentí que yo era dueña de mis patas y de mi boca, y que sabía buscar comida por mí misma sin la ayuda de nadie. Por el rabillo del ojo las odié a todas, porque no se daban cuenta de algo tan evidente y esplendoroso, porque seguían caminando en fila india para transportar comida, solo eran putachusma. 
  Una hermana a la que no había visto nunca se acercó y me preguntó qué diablos estaba haciendo y me amenazó con descuartizarme si no volvía pronto a la fila. Le pedí por favor que mirase la esfera y que reflexionase sobre la posibilidad de buscarse la vida por ella misma, sin depender de la demás y sin guardar colas. Le hablé de la perfección tridimensional, que simbolizaba la plenitud, y de la luminosidad que parecía emanar de las bolas. 
  La miró fijamente, durante tres o dos minutos, y luego me miró a mí. Joder, dijo. Y volvió a la fila, pero en lugar de unirse al flujo, cogió con las pinzas a la primera hermana que pilló y la partió en cuatro pedazos. Hubo un gran revuelo, un "pero qué está pazando" químico que se extendió a todo lo largo de la caravana en pocos segundos. También hubo un silencio, una espera tensa. Todas las que estaban cerca la miraban, la olían, se preguntaban qué estaba a punto de anunciar. Ella separó los colmillos y gritó: ¡¡Os odio a todas!! 
  Unos minutos después, se desdibujaron las líneas y el odio nos hizo libres, individualistas y mortales, mientras muchas buscaban a la hermana sabia. 


Caracol Romera.




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